jueves, 10 de febrero de 2011
53
Allí estaba ella sentanda, como cada mañana, esperando a que llegara el momento. En un triste silencio que no la dejaba escapar. Esa banca que guardaba sus más temibles memorias de las cuales no se podía safar. Estaba sola. En su mente vagaban los pensamientos: ¿algún día me iré de aquí?, no lo sé. Cada mañana era lo mismo, ella esperaba, pero nadie aparecía. Esta mañana fue diferente, ella encontró una carta. Al abrirla le salió una sonrisa, nunca la había visto tan feliz. Por fin podía irse, abrió las alas y emprendió el vuelo. Esta mañana el viento había cambiado.
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